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sábado, febrero 24, 2007

Masquerade

This Masquerade: Letra en Español
por Daniel Navarro



Para los amantes de la música, me gusta la
vieja canción de George Benson, titulada "This
Masquerade". Yo toco guitarra y como no me gusta
cantar en inglés, he escrito estas líneas para
cantarla en español.



This Masquerade
George Benson



Pierdo los estribos:
No recuerdo en donde estoy.
Viviendo en esta prisión
Callejones vientres, una danza sin final,
la noche del carnaval.

Multitud de cuerpos,
en miradas al azar.
Despedidas tristes
sin pensar.

El tren de ausencia ajusta
mi antifaz de soledad,
tu voz, la luz,
y un viejo amanecer

Tu presencia esquiva
en un rostro sin igual,
te esconde la multitud.
Sendero siniestro,
que me oculta tu final.
La noche del carnaval




La letra original dice así:

Are we really happy here
in this lonely game we play
Looking for words to say.
Searching but not finding
understanding anywhere,
We're lost in a masquerade.

Both afraid to say we're just to far away
From being close together
from the start.
We tried to talk it over
but the words got in the way
We're lost inside
this lonely game we play.

Hearts of weeping
disappear ev'ry time I see your smile
No matter how hard I try
To understand the reasons
that we carry on this way.
We're lost in a masquerade.




Yo la toco en La menor, a un ritmo más melancólico, con énfasis en las armonías, ligeramente modificando la tablatura que encontré en www.e-chords.com/guitartab/idmusica/15095.htm y me sirvió de mucho. He tratado de enviar la letra al sitio en internet del Sr. Benson pero no he tenido suerte, y también la envié a un sitio de lyrics. Independientemente de eso, gracias Sr. Benson por haber escrito tan maravillosa melodía.

lunes, febrero 19, 2007

Los descendientes de Babel

Los descendientes de Babel
Daniel Navarro
Escritor y Naturalista



Un curioso invento de la época japonesa del cine mudo es el benshi. Frente a la pantalla, mientras transcurría el filme, una persona al frente daba explicaciones acerca de la historia, diálogos y significado. Percibiendo y modulando las reacciones del espectador, el benshi tendía un puente entre las imágenes en pantalla y el lenguaje verbal. Asimismo, dialogaba entre visiones de otras culturas, y las tradiciones populares locales. Para ello se requería de enorme talento y fue motivo de admiración entre los japoneses, al grado de que cuando se inventó el cine sonoro, tardaron años en desaparecer. Actualmente se sabe poco de los benshi fuera de Japón. En el cine moderno, los subtítulos proporcionan traducciones “instantáneas” de los diálogos, y el denominado “Close Caption” incluye no sólo representación escrita del lenguaje verbal sino también de sonidos, lo cual está diseñado para espectadores con problemas auditivos.

Antes de 1940, los benshi parecían indispensables porque las diferencias de lenguaje y expresión parecen intrínsecamente imposibles de derribar. Esto sucede hasta la fecha y no únicamente en Japón ni sólo en el cine. El esfuerzo del Esperanto es una prueba de ello: aproximadamente dos millones pueden comunicarse a través de esta lengua en todo el planeta. Una cantidad ínfima después de más de un siglo de haber sido inventada. En un mundo lleno de formas de lenguaje (casi siete mil lenguas diferentes registradas), la identidad de la palabra verbal es poderosa. Tales formas de comunicación conllevan algo más que signos o de reglas gramaticales, forman la columna vertebral de conductas, pensamiento, religión, mitología.

Usando el símbolo bíblico de Babel, el director Alejandro González Iñárritu y el escritor Guillermo Arriaga elaboran una película en el año 2006. Tríada de historias interconectadas, profundamente humanas, y que demuestran justamente el caso que ocurre cuando por circunstancias accidentales, el lenguaje verbal conduce al caos, a la falta de entendimiento, a la violencia. Y a través del filme “Babel”, encuentran la forma de hacernos entender que en condiciones de desesperanza, ansiedad, dolor, otro lenguaje surge de manera natural, profunda, espontánea: el lenguaje fundamental del cuerpo que va más allá de las palabras. La película refleja sentimientos universales: amor y violencia, odio o competencia, aullidos o diálogos de sordomudos, otras formas de comunicación que requieren ya sea el contacto con la piel, las miradas de solidaridad de una anciana, o las posturas de alegría, amor u odio en menores de edad. Del libreto a la pantalla, Alejandro González Iñárritu se propone alcanzar al espectador. Y por algunos acusado de nihilismo, pienso que nos llega, nos conmueve en su propio mensaje artístico.

Si hacemos cuentas con los cuatro idiomas que se registran en “Babel”, un total de 953.9 mil millones de hablantes del planeta entienden en forma nativa alguna parte del filme. Cosa nada sencilla, porque supera por un estrecho margen al idioma de mayor densidad de hablantes en el mundo: el chino, con 937.1 mil millones.

El equipo de actores es soberbio, con Brad Pitt encabezando el elenco y generando tanta admiración que en una crítica del New York Times se considera a su papel encarnando a un turista norteamericano en Marruecos, como la mejor actuación de su carrera.

La parte marroquí muestra una desgarradora secuencia en ambientes desolados, cabras y comidas comunales de un solo plato. La lista de actores es distante a lo que estamos acostumbrados, pero el papel de Boubker Ait El Caid, como Yussef es poderoso, encarnando a un niño que se rinde ante la policía, con las manos en alto, confesando y al mismo tiempo implorando ayuda por un hermano agonizante.

En la contraparte fronteriza México-Estados Unidos, un valemadrista y rebelde norteño es encarnado por Gael García quien recibe encuadres nocturnos de fotografía que recuerdan al archivo Casasola. Su personaje impulsivo contrasta notablemente con el de Adriana Barraza, una amorosa nana que se no se arredra ante el sofocante desierto californiano y sucumbre ante los rinches (como se le denomina localmente a la policía fronteriza de Estados Unidos) en su esfuerzo para tratar de mantener con vida a dos pequeños norteamericanos menores de edad.

La parte central del filme deslumbra con el destello continuo que surge de Rinko Kikuchi y su personaje de joven estudiante sordomuda de clase alta en la sociedad japonesa. Su candidez e inocencia se mezclan con erotismo, desesperanza y revelación, que cierra la película en un ambiente de desequilibrio y ternura.

Gustavo Santaolalla, ese argentino universal tan querido en México, imprime su audio-sello una vez más, después de haber vagabundeado musicalmente con “Amores Perros” del propio González Iñárritu, “Diarios de Motocicleta” y con el genial Ang Lee y su desafiante “Brokeback Mountain”.

Si bien el filme ha recibido siete nominaciones para el Oscar de febrero 2007, ojalá me equivoque, dudo mucho que pueda alcanzar dicha presea. La competencia fundamental será con el trabajo de Clint Eastwood y su tratamiento fílmico al ícono militar y nacionalista de los Estados Unidos: la batalla de Pearl Harbor. Por otra parte, la cuasi anarquista visión del mundo en “Babel”, de desprecio a la autoridad en uniforme, levantarán poco aprecio de los críticos de la Academia.

En aisladas ocasiones el cine es admiración, por eso es enormemente reconfortante escribir acerca de este benshi chilango moderno que nos visualiza como descendientes de Babel, y nos recuerda que de todos modos, a pesar de los lenguajes, no somos tan diferentes.


Notas
1.- Del 27 al 30 de julio se llevará a cabo el 55 Congreso Anual de Esperanto League for North America en Tijuana, en donde se tratará de incrementar el conocimiento del Esperanto como lenguaje universal. Véase http://esperanto-usa.org/node/667

domingo, marzo 05, 2006

Tregua y reposo

Tregua y Reposo
Daniel Navarro



Sin conocerte de perfil
sin saber el timbre de tu voz
sin escuchar tu respiración sobre mi pecho
sin alimentar mis pasos con tu sendero
sin el tenaz acoso del deseo
sin el barro de tu tierra
sin el color de tu bandera
sin tu vientre hinchado por el sangrado
sin la pertinaz lluvia de un viernes
sin la melancolía de tu ausencia
sin el peso de la mentira
sin la brisa de los puertos
sin la sombra del lapacho
sin tus mordidas en mi pecho
sin que cabalgues sobre mi pelvis
sin tu letra escrita a mano
sin el sabor de tus empanadas
sin la música de tu guitarra
sin el rostro de tu niñez
sin el estruendo de la guerra
sin el clarín de la paz
sin el ruido de tus pasos
sin la risa de tus bromas
sin el maquillaje de una cena
sin el maquillaje de una noche
sin la noche ni el día
sin tregua te he amado.
Sin tregua y sin reposo,
sin fin.

martes, febrero 28, 2006

Desde mi solo

Desde mi solo
Daniel Navarro


Les he dicho adiós,
vaciado los bolsillos,
en esquinas, hondonadas
cruces, calvarios,
palomas volando.

La cruz de la parroquia lanzó un suspiro
una campana en silencio
los fantasmas emigraron de mi esqueleto.

Desde mi solo,
asalté el cerco del propio pecho
con tu estandarte,
en fulminante
batalla
contra mi candente soledad.

A pesar de la resistencia inútil,
el yermo páramo de mi vida
entregó su plaza, municiones,
fuertes y zanjas sangrientas;
recorrí a campo traviesa
túneles y laberintos
eliminé reductos
impunes lanzas asesinas,
hasta ver ondear
pañoletas blancas
visibles muestras de rendición.

Planté tu bandera en mi pecho dominado
por la estrategia de tus versos
y crepita
la voluntad
de florecer un castillo
en esta tierra árida
que bajo tu mirada
se ha vuelto bosque.

sábado, febrero 25, 2006

Planetario

Planetario
Daniel Navarro



Me intuyes en el universo encerrado, en la burbuja
oculta del rincón celeste.
Miras las estrellas ficticias de un planetario.
Ilusión de permanencia de lava
esférica en un destino inconcluso.
Descubrimos que nos habíamos guiado por un norte
que nunca fue, aislados en la noche
de un día lluvioso, enfermo de tedio.

"Abrázame", me pediste
No pude, no quise, o ambas
y a la distancia el domo sereno, que mira al infinito
alentó una esperanza.
Me propuso con su sonido sin rostro y acepté
encarnar ligeras ondulaciones en la nada.

Quise intentar,
personificar ,
la estrella viva
que alguna vez nos guiara.
Antes de que nos perdiéramos.

La cascada del crepúsculo se confundió con el perfil,
con la sombra desde entonces
y sin constelación
vago errante, persiguiendo la noche.

Vienes a verme cuando sola te encuentras,
Me miras sin ver, a la distancia
bóveda, te abrazo
tarde y nunca, simultáneo amanecer y medianoche.
Sabes que soy yo,
prisionero de mis noches de día, encadenado
Prometeo que abre sus entrañas a tus mordidas
renaciendo en la noche de cada tarde,
sangrando la luz de las estrellas que giran
y se desploman
en el infinito de un espacio vacío.

La luz de un firmamento se lanza en todas direcciones
cuando abandonas la sala
y me absorbe el melancólico
adiós
de tus tacones.

viernes, febrero 24, 2006

Beso inerte

Beso inerte
Daniel Navarro



Hace tanto fuimos tanto
murmullo constante del cielo
temprana mirada de velo
viento descubriéndose en tu rostro.

Mas

Oración de la guarda, un ángel
un puente, un paso en falso,
la caída.
Su menesterosa existencia
resquebrajó atardeceres
y sangró púrpura en las noches
Tanto que transcurrió
un vuelo en picada,

Mas todavía

Tu mirada extraño porque fuimos
venero de tiempo pasado
la gloria de un momento
que alcanzó para serme todo.
Fuimos tanto que somos resto
de la copa vacía, un beso inerte
que te llama por tu nombre
en la boca fría de una noche
que pronuncia un
tal vez nunca más.

viernes, febrero 17, 2006

Barro

Barro
Daniel Navarro



Un árbol cautivo en el círculo mide el espacio
de mis manos en suelo y alambre.
Se erige,
busca el infinito.
El barro oxidado del recuerdo
humedece mis ojos por la distancia
que media entre hoy y el paraíso.
Yo, en el bosque rojo
giro de cuerpo entero
hundo mis manos, mis besos
en el aroma de la tierra,
barro que pisaste en huida
en despedida larga, grave
postergada hasta hoy.
Mis dedos desangrados
hurgan sin razón
buscan palabras que no existen.
No tuvimos nada más que ese sendero
ningún rincón donde escudarnos
y trazaste en la tierra un horizonte sin luz
Conformo ese laberinto, silencioso
donde las ramas me cubren el cuerpo
el barro de mi piel se curte, agrieta
consolido un capullo.
Poco queda sin ti
excepto mirar este inmóvil universo
de espera, cascarón eterno
de barro rojo granular
endurecido por la sal
de tu presencia ausente.

lunes, febrero 13, 2006

Princesa

Princesa
Daniel Navarro



Mi princesa vuela un carruaje
castillo inexpugnable, sirvientes,
cuando me visita por las noches.
está entre tú y yo. Me enerva
con sus brebajes, sus pócimas
sangre de mi existencia
al mismo tiempo nada y perpetuidad de luz.

Me ocupa
me ilusiona, me desvalija, un atino
no lo puedo definir, un festín
no existe, nada que no pueda ser ella
su nombre, su existencia, la curva de su sonrisa.

No sepas de ella,
no la conozcas. Cuando
en las noches se apodera de mi cuerpo
me dice al oído que te abandone, que no eres
como ella, para mí. Me aconseja

entrar en un vórtice, desmadejar el futuro
una espiral de sueños, un carruaje en el que viajan
mis besos, un destino
me enloquece
me posesiona el vientre.

ella y tú son dos sin común,
nada, excepto yo,
y opto por ella
sagrado beso en sus senos, su voz en mi oído
que repite que eres tú,
oh, me confunde
no me digas
más mentiras.

Manos, dejo, acento, sentimiento,
palabra, libro, verso, manos
tul, verso, ella y tú, me aturden
su castillo y tu tedio.
Ven,
no me digas
tu nombre,
olvida nuestra existencia
nocturna impostora.

sábado, febrero 11, 2006

Para ti

Para ti
Daniel Navarro




Cuatro personas vestidas de negro transportaron mi alma
(un grano de arena).
Yacía inerte sobre una sábana de lino árabe.
Una mujer iba atrás, recitaba líneas de Plotino.
Creo que eras tú.
No estoy seguro.
La voz me era familiar, el modo, acento, mas había algo que resultaba diferente.
Decía un escritor que otro decía que las palabras son propiedad, que tienen dueño.
Si era cierto, entonces tu inflexión tejía un velo.
A través de los versos del tiempo veía el cielo.

Entonces todo se detuvo, excepto mi carruaje de cuatro manos y tu voz.
Una de las personas que me sostenían era mi propia vanidad.
La otra que marchaba al frente era mi inquina.
Sosteniendo en la parte de atrás, mi arrogancia.
Una cuarta era la miseria que me envolvía.
El paso era firme.
El alma pulsaba.
Las palabras de la mujer, tu voz, me cubrió con un capullo casi tan grande como un racimo de uvas.

El viento regresó junto con el tiempo.
El cielo se tornó gris con tonos de púrpura.
Una diagonal cruzó mi vista, con palabras de hombre.
¿Eras tú o era yo?

Relámpago.

Leopardo.

Y lo que antes fuera racimo devino en marea.
El movimiento sostenido por cuatro manos y la voz de los recuerdos futuros.
Mi alma se agitó, creció y se derramó en efímeras crestas perpendiculares.

Las palabras que antes envolvieran adquirieron tonalidades e iridiscencia.
Las cuatro personas vestidas de negro continuaron su viaje.
Cuando te busqué, ya no estabas.
Y me hice oleaje.



Aunque te fuiste, aunque ya no estoy,
tú miras al mar,

y sé que me recuerdas.

martes, febrero 07, 2006

Escultura

Escultura
Daniel Navarro

Estuvimos.
Torso y pelvis de mujer.
Tú.
Deseé tocarte
tu cintura era la suya
acariciar con lascivia tu piel de bronce.

Palpitaste cuando me percibiste a la distancia.
(Fui feliz).
Te encendiste.
Atrapada en ese casco de metal, tu calor me inundó.

Percibí cierto movimiento, no hice comentario.
Desde mi propio pedestal seguí admirándote,
amándote.
La luz se hizo presente
en ese mar de oscuridad.
No nos movimos por el resto de la velada.

Han pasado dos horas
todavía no termina.
Paciente,
mi rostro sin ojos te cuida.

Tiemblo de celos cuando alguno te acaricia,
cuando acercan sus dedos a tus piernas.
Tiemblas, nerviosa.
Te gusta.
Me hierve el bronce, se torna más oscuro.
Disfrutas.
Oh, amor, me muero de rabia.
Te seduce esa caricia.

Intento lo imposible.
Procuro lanzarme desde el pedestal.
Mi ciega mirada no encuentra
el infinito sedante de la locura.

Me sonríes.
Oh, amor, no te entiendo.
Divertida sonríes.
Oh, me ahogo.

Un estruendo de enervantes
luces de fotografía
te cubren.
El escultor te deja por un instante.
Eres su propiedad.
O acaso él es tu propiedad.

No lo sé.
Quizás todos somos tu séquito.
Yo uno más.

Un bronce se tambalea.
Cae.
Lo veo.
Alguién más,
uno más.

Sí.
La sala.
Tablero de ajedrez.
Reina.

Un séquito de esculturas.
Soy.
Orbito alrededor de ti.
Metal.
Vientre.

Jaque.

domingo, febrero 05, 2006

RECTANGULO

Rectángulo
Daniel Navarro



Por un agujero en el techo

del cuarto donde duermo

la luz de un sol me llama a la vida: Amanece.

El rectángulo alberga un domo casi translúcido, opaco.

A veces los gatos maúllan con fuerza,

el celo es poderoso.

Cuando noche, el rectángulo se dibuja

levemente por una vela encendida

durante mi sueño.

Hoy seleccioné azul, como tu bandera.

La encendí. Está brillante en este momento.

El agujero en el techo celoso

no deja entrar la luz de las estrellas,

que se apilan alrededor,

para verme dormir.

Te recuerdo.

Descanso.

Me cohíbe la vela y me cubro la cara.

Visiblemente emocionado,

al despertar, el rectángulo me recibe

con su sonrisa solar.



Tardo.

Me desperezo.

Disfruto.

Te recuerdo.

jueves, febrero 02, 2006

Tiempo del tiempo

Tiempo del tiempo
Daniel Navarro



Hoy somos extraños, mas por un momento,

la paz de mi pecho se ajó en la calidez de tu abrazo.

Los duraznos maduraron y cayeron en la hojarasca.

Miramos debajo de nuestros ojos.

Y nos encontramos.

Mas hoy somos extraños

y me sonríes desde tu distancia.

Tomamos nuestros papeles con la sobriedad

y magnificencia de un glaciar.

Siquiera mirar debajo de tus ojos no intento.

Es frío y mi abrigo me cala los huesos,

Y por el balcón desecho los recuerdos

Escasos, dorados, ligeros

Ansiando encontrar el tiempo del tiempo

Antes de ti.

viernes, diciembre 02, 2005

National Geographic






Era domingo. Sí. Ese día, Mike y yo habíamos atrapado un ocelote en la reserva ecológica de Laguna Atascosa, cerca de Brownsville y de South Padre Island, en Texas. Sí. Los afamados fotógrafos de National Geographic estaban de suerte. Nosotros también. Un ocelote. El felino en peligro de extinción en las páginas del Geographic. Más interesados podrían colaborar en detener la extinción de los felinos sobre este planeta.

Cuando National Geographic apareció lo recuerdo hoy tantos años después. Fuimos a ver al felino. Mike le pidió al fotógrafo que estuviera al márgen para que el gato no se pusiera nervioso. Danny se llamaba el fotógrafo, mi tocayo. Comprendió. Mike y yo nos acercamos un poco, después él le inyectó un poco de ketamina; el gato cayó en sueño. Le hice una seña a Danny y nos acercamos, charlando lo menos posible para que el felino no se intraquilizara. En realidad no me di cuenta el instante en que el fotógrafo disparó su cámara. Es la foto que ven en la parte superior de esta entrada.

Se trataba de ilustrar un artículo sobre la frontera de México-USA, ese cordón que es dolor de cabeza para las políticas migratorias de los dos países. Yo nací en la frontera, conocía el asunto de esta vida cuasi migratoria.

Apareció la fotografía con el siguiente pie de página (traducido):
"Los cruces fronterizos son un derecho natural para las criaturas salvajes, como el ocelote, una especie en peligro de extinción, y cuyo hábitat amenazado se extiende hasta los matorrales subtropicales del sur de Texas. En un esfuerzo internacional para estudiar y salvaguardar el hábitat de este felino, el biólogo Mike Tewes y su colega mexicano Daniel Navarro (izquierda), ajustan un radio collar para rastreo, a una hembra de ocho kilogramos, en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Laguna Atascosa."

La portada de ese número de Geographic en particular se quedó en mi mente, era la imagen del rostro de una chiquilla de Afganistán. Unos ojos bellísimos, un rostro de fuerza y fiereza. Así, sin querer, ella y yo nos unimos por esas cosas del destino. Ella en Afganistán, yo en una frontera, perdido entre los matorrales de un país desconocido y agreste.

Supongo que la vida actúa con cierta malevolencia. Seguí su historia, hasta que casi 20 años después apareció en las páginas del Geographic que habían vuelto a encontrar a la chiquilla. Ahora madre de dos o tres hijos, no recuerdo. "Yo también tengo hijos" le dije a ella, a la imagen en la revista. Supongo que nunca lo sabrá.

Tampoco sabré lo que alguien que me lea, me diga. Lo que sí sé es que los felinos son bellos. Son artífices de vida. Estoy convencido de que encima de mi misantropía, mientras haya un tigre vivo sobre la faz de este planeta, tenemos esperanza.




Créditos
Fotografía: Danny Lehman

National Geographic, June 1985
Escenario: Camioneta de Mike, con caja de frutas donde almacenábamos los instrumentos de campo. Camino rústico en Laguna Atascosa National Wildlife Refuge, Cameron County, Texas, United States of America.
Modelo: Michael E. Tewes, Female Ocelot No. 12, Daniel Navarro.
Derechos reservados de The National Geographic Society.




P.S. Después de liberar en seguridad al ocelote y las fotos, Mike se puso a ver el futbol americano, jugaban los Dallas Cowboys. Danny y yo nos fuimos a celebrar con una cerveza en South Padre Island.

domingo, noviembre 20, 2005

COHESION MITOLOGICA, EXILIO Y REALIDAD EN MEXICO




Moneda mexicana
Originally uploaded by danielnavarro.
Reverso de una Moneda de 10 pesos en la cual se observa el águila devorando una serpiente, el mito central de México.




Cohesión mitológica, exilio y realidad en México
Ensayo
Daniel Navarro



Mi ciudad es chinampa en un lago escondido
...es un bosque de espectros que cuidan castillo

Guadalupe Trigo, Mi ciudad


El mito permite la relación y ordenamiento entre la sociedad humana y la naturaleza porque ayuda a tratar de explicar fenómenos cuyo alcance es desconocido. Mas no sólo eso, sino que permite agrupar y cohesionar a amplios grupos de población con características de exilio o durante otras variedades de crisis sociales. Para el caso de México, una extraordinaria variedad de mitos indios se transformaron desde el inicio, en un fenómeno de nacionalidad. De hecho en los símbolos patrios coexisten estos aspectos indígenas prehispánicos posteriormente mezclados con la cristiandad impuesta durante la Conquista y tiempos posteriores.

Uno de estos mitos, una creencia prehispánica mexica, ha trascendido los más de mil años de existencia de todo un país. Una feliz coincidencia de factores condujo a que dicho mito tuviera una representación gráfica, una imagen que se perpetúa todavía a través de los siglos, y que al inicio del milenio, se extiende más allá de las fronteras.

Cuando el Virrey de Mendoza, una vez concluida la Conquista de México, ordenó la escritura de un documento que reflejara ante su Alteza, la riqueza, diversidad y valor de las tierras recientemente sometidas, los escribanos abrieron el universo con una poderosa imagen que a la postre se convirtió en una suerte de ícono nacional mexicano. De hecho, la primera página del Códice Mendocino trasciende una visión histórica, el resumen cartográfico requerido, y se convirtió en lo que considero es la representación gráfica del mito central mexicano.

Pero no siempre fue así. Un conjunto de símbolos y creencias lo conformaron como guía de un pueblo con características de exilio. El mito señala que cuando los mexicas fueron expulsados de una región norteña e iniciaron su deriva hacia el sur, tuvieron como guía una combinación del bestiario indiano que marcaba el punto geográfico preciso donde se ubicaría el restablecimiento de la población dispersa. Justo en ese punto, la tribu nómada se reagruparía y lo convertiría como centro religioso.

La señal que tuvo la utilidad de servir de guía a un pueblo guerrero sin lugar fijo, consistía en encontrar a un águila posada sobre un nopal, y devorando a una serpiente. De acuerdo con los registros y sus posteriores interpretaciones, dicha visión se convirtió en realidad y a partir de entonces se inicia la compleja historia de los mexicas en lo que hoy es la ciudad de México.

Podríamos pensar que el tema del águila y la serpiente no está exento de candidez y cierta ingenuidad, pero no podemos negar que es sorprendente su continuidad prácticamente inalterada. La idea central que sirvió de inspiración y fortaleza para la búsqueda de esa visión a través de los años, guiaría al pueblo azteca en una especie de éxodo indio en busca de la tierra pródiga. Los orígenes del símbolo se pierden en la historia, pero es posible suponer que pudo haberse originado –me atrevería a sugerir--, asociado a experiencias alucinantes con plantas religiosas. Por otra parte, esta conjunción de águila y serpiente difícilmente es un evento fortuito. Requiere de continuidad en las condiciones tanto culturales como naturales.

No es difícil pensar que la base de este pensamiento que mezcla al águila y la serpiente, tenga su base en el concepto o deidad conocida como Quetzalcóatl, que podríamos ver como un dragón en el nuevo mundo. Dicho dios, es el símbolo de la pluma y la escama, el ave del conocimiento conjugado con el dolor de la tierra, la continuidad del sentimiento asiático en la vastedad de las tierras ignotas de un continente sagrado.

Al establecerse alrededor de este símbolo, los aztecas iniciaron una labor expansiva y el símbolo prevaleció sin integración religiosa en el sentido estricto. Por otra parte, al ser una cultura transformada en todos los sentidos durante la Conquista, el símbolo se convirtió en una parte de la Nueva España. Por ende, el símbolo cubría un territorio geográfico de enorme extensión.

Posteriormente, durante los dos siglos XIX y XX, el símbolo mexica fue adoptado como elemento central en la bandera nacional mexicana. No obstante, no hay que olvidar que la simbología de la bandera evolucionó desde una base mariana (azul y blanco, al estilo de la actual bandera argentina), pasando por un esquema tricolor con estrellas doradas. En la primera aparición del símbolo, el águila mantiene una posición de alas extendidas y después el águila se modificó para presentarse de perfil regresando a la representación gráfica del Códice Mendocino. Es interesante añadir que la mayoría de los elementos gráficos mantuvieron su identidad, excepto la culebra, que básicamente se adaptó para ser reconocida como una serpiente de cascabel.

Águila devorando serpiente: la patria muriendo con cada individuo, renaciendo intacta entre las espinas del nopal en el islote de la existencia mortal de un mexicano. La aspiración de la muerte como virtud, herencia azteca indeleble que al perpetuarse otorga sentido a la existencia dolorosa de una nación abierta en canal. Cohesión mitológica que se convierte en lanza y escudo, el milagro viviente del creer, que permite enfrentar molinos y adversidad.

Desde una perspectiva probabilística, el evento de atestiguar a un águila devorando a una serpiente, como elemento guía para señalar el lugar exacto de la tierra prometida, revela que aunque desde el principio el mito se restringía a condiciones ecológicas similares, existe la probabilidad de que en cualquier parte de Mesoamérica se pudiese observar dicho evento. El concepto “águila” devorando “serpiente” en un islote rodeado por bosque representa en efecto una posibilidad real en varios lugares no sólo de México sino que pudiera haber ocurrido en la actual Guatemala, o incluso más al sur. Asimismo, el mito fue lo suficientemente amplio como para poder haber sido comprobado en forma reiterada.

Una vez satisfecho el fin de la profecía, cuando los aztecas fundaron Tenochtitlan, el hecho se transformó en mito. Sin utilidad ulterior, una vez descubierto el sitio donde se cumplieron los requerimientos estipulados en tiempos previos al exilio, el concepto se convirtió en elemento vigente hasta la llegada de los Conquistadores. El símbolo se cubrió de sangre, de derrota, de amargura permanente. El águila abierta en canal, desangrándose por siglos. Entonces se cubrió con la máscara colectiva del mexicano.

Hoy, a poco más de quinientos años después de la Conquista, reaparece con fuerza el fenómeno de la migración entre los descendientes aztecas. A inicios del siglo XXI, el águila y la serpiente ocupa nuevos espacios en la geografía del continente. El mito trasiega fronteras y campos algodoneros en la piel de campesinos mexicanos con fuertes raíces indígenas que eligen el autoexilio como forma de vida.

No me es personalmente distante el fenómeno. En mi rostro existen evidencias de un pasado nómada, en los muros de mi hogar infantil todavía resuenan los monótonos ritmos marcados por danzantes emplumados y semidesnudos. Elementos de mi familia se encuentran en forma dispersa en campos agrícolas de Estados Unidos, congregados únicamente por el idioma, el águila devorando la serpiente, y curiosamente por una herencia propiamente española - mexica: una virgen india.

Ahora la Virgen de Guadalupe --Alter Ego india de la Virgen María --, se ha unido para acompañar la soledad del exilio y de la distancia del lenguaje y de la vastedad del horizonte. Los mitos como estandarte de la nueva tierra prometida. Expulsado de la patria original, los nuevos aztecas intentan una y otra vez, encontrar el lago donde asentarse, el islote promisorio de futuro. Un águila devorando la vida y alcanzar el virtuosismo de la muerte renacida cada día primero de noviembre. La continuidad de una sociedad deshecha, expulsada, sin hogar, valerosamente aferrada a un estandarte de mitos con el cual se yerguen ante lo pavorosamente desconocido.

viernes, junio 17, 2005

Monos Aulladores




Cuando joven, trabajé varios años como Técnico Académico en la Estación de Biología Tropical "Los Tuxtlas", en el sur del Estado de Veracruz, en México. Ahí descubrí que la naturaleza no descansa, en cada instante hay un reflejo de incesante actividad. Pasa en gran medida desapercibida para nuestros ojos. Acaso notaba algunos cambios en el viento, en el movimiento de las hormigas, o del vuelo de algunas aves. No obstante, parecía de una serenidad tan impasible como engañosa, como descubriría poco a poco. Uno de los sonidos que extraño hoy, tres décadas después, es el bramido de los saraguatos en la mañana y en la tarde. Los saraguatos son los monos aulladores. Su nombre técnico es Alouatta palliata. Algunos vericuetos relacionados con el nombre de Alouatta villosa, pero nada de preocuparse.

La desaparición de las colonias de saraguatos en México es un hecho palpable. Por ello, escribí esta historia que se llama "Aullido".



Aullido
Cuento
Daniel Navarro


No vi, no alcancé a reaccionar. Mi cuerpo se desplomó y el horizonte dio un vuelco, con el azul del cielo dividiendo mis ojos entre la tierra. Ella cayó conmigo, no pudimos hacer nada. Me gritó como queriendo advertirme que algo muy grave estaba ocurriendo. Escuché un ruido que detuvo su rostro. Estalló en pensamientos y se perdió de mi vista. Mi cuerpo sintió algo inesperado. Una línea recta me alcanzó en un costado. Caí profundo, en el pavor de las profundidades de la tierra. No tuve percepción del tiempo. Unas voces se apresuraron para arrastrarme. Gritaban y me desvanecí.

¿Amaneció o desperté? No tengo conciencia. Me duele un costado. Debo huir de esta prisión, buscar las alturas, no sé cómo detener este mareo. Me toco y siento que la sangre se ha coagulado, formando una costra. No escucho nada conocido, estoy perdido. Me repugna el olor de este lugar.

Intento moverme: estoy atado. Mi cuerpo adolorido me recuerda aquella ocasión cuando nos peleamos, tres contra mí. Perdí, pero pude defenderme en algo. Esta ocasión se me nubla la distancia, tengo sed. Mi prisión es muy extraña. Afuera del lugar encerrado, escucho voces. Son varios, lo que puedo adivinar por el color de los sonidos. Uno de ellos viene, me mira y me golpea la cara. No puedo defenderme. Estoy atrapado del cuello... Una voz diferente, de otra forma, se acerca; ellos intercambian sonidos. No entiendo. La voz es dulce. Me parece que discuten algo. El agresor se aleja. La otra voz se entretiene en algo que no puedo adivinar. Mi corazón tiembla de miedo.

En la noche, cuando todo está en calma, alguien se acerca. Con su sonido dulce me tranquiliza. Me libera del cuello. Me toma el cuerpo y escucho por última vez su voz. Posteriormente en silencio, me empuja fuera de la prisión. Miro la noche y la luna. Mi cuerpo se siente libre. Camino con miedo a recibir un golpe, pero su voz me tranquiliza. Cuando estoy a punto de desfallecer, corro con fuerza en medio de la noche. El olor que me repugna empieza a disminuir. ¡Estoy en libertad!

Entre las sombras, asciendo con dificultad un árbol. Encuentro un recoveco. Me llena el aroma de la noche, de la luna que me saluda. El follaje me oculta. Lleno de temor, el amanecer poco a poco me cubre con bruma que me disimula entre el árbol. Miro el alrededor y procuro ubicarme.

Con lentos movimientos, exploro el sitio y tomo una dirección que espero será la correcta.

Desorientado, no conozco esos parajes. Mis manos se adhieren a las ramas y me equilibro en pocos movimientos. La luz del sol que sale me permite incrementar poco a poco mi sentido de orientación.

Tras dos días de recorrer caminos, el alejarme del sitio donde se encontraban aquellos sonidos me tranquilizó muchísimo. Encontré pocos lugares por donde transitar, la mayor parte de los árboles habían sido derrumbados. Eso me hizo tardar mucho más en el camino de regreso.

Al tercer día escuché algo que me emocionó: un aullido. Se oía lejano. Traté de responder pero mi sonido no era lo suficientemente fuerte como para alcanzar aquel que me llamaba. Seguí ese día tratando de seguir el origen del llamado. Durante el atardecer, volví a escucharlo, esta vez más cerca.
Al cuarto día, en la mañana, aullé con fuerza. Tras guardar silencio, esperé a que me respondieran.

Tras intentarlo una vez más, seguí emitiendo mis llamados. No me abatí cuando no pude lograr la respuesta. Seguí en mi ruta. Al poco rato, un poderoso aullido me volvió la calma y la tranquilidad. Se encontraban bastante cerca. Esta vez volví a aullar y la piel negra de mi cara se erizó cuando escuché la respuesta. Mi cuerpo siguió desplazándose entre los árboles, animado de una fuerza inesperada.

Cuando estuve cerca, los vi. ¡Ahí estaban los míos! Se mecían en una rama como para darme la bienvenida. No estaba ella, la que había caído conmigo... Las formas negras se desplazaban entre las ramas con alegría. Él aulló una vez más con poderío y fuerza. Su rugido me estremeció de confianza y me abalancé sobre esas ramas. La felicidad me inundaba el cuerpo. Me seguía doliendo el costado, pero el espeso pelaje había apelmazado la sangre. Ahora podía sanar.

* * *

Cuando los gráciles monos saraguatos se perdieron en la selva, el río de las luces de una mañana se desbordaba por entre las hojas los árboles, formando cascadas de un rocío multicolor escurridas entre los laberintos. Después, todo se impregnó de quietud.

Acerca de mí

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Cancún, Mexico
Escritor y Naturalista. Licenciado en Biología por la Universidad Nacional Autónoma de México, con estudios en Texas A&M University Campus Kingsville y The University of Florida.